Cómo se cose a mano un móvil de fieltro para la cuna
Corte, relleno y costura escondida paso a paso
Antes de tocar la tela hay un rato de papel. El patrón se dibuja a lápiz sobre una hoja y se corrige hasta que la silueta queda redonda y reconocible: una nube, un pájaro, una hoja. Solo entonces se traslada al fieltro de lana con una tiza de sastre, dejando medio centímetro de margen alrededor de cada trazo. Ese margen es el que luego desaparece dentro de la costura y evita que las piezas se abran al rellenarlas.
Las figuras se cortan siempre por pares, porque cada cara del móvil se cose por separado y se une después. La puntada escondida avanza por el borde, con hilo de algodón del mismo tono que el fieltro, y se detiene antes de cerrar el contorno. Por ese hueco entra la fibra de poliéster, en pequeñas porciones, empujada con la punta de unas tijeras romas. Conviene rellenar sin apretar: si la fibra se compacta demasiado, la figura pierde suavidad y pesa más de lo que debería colgar de un hilo.
El montaje se hace sobre un aro de madera de haya sin barnizar. Las nubes y las figuras se reparten alrededor para que el conjunto quede equilibrado y gire despacio con la corriente del aire, sin inclinarse hacia un lado. Los hilos de algodón trenzado se anudan por dentro del aro, de modo que el nudo no se vea desde abajo, y se rematan con unas gotas de cola textil para que no se muevan con el tiempo. Un móvil bien equilibrado apenas necesita un roce de aire para moverse.
Al final queda una pieza ligera, de tacto suave y bordes redondeados, que se limpia con un paño húmedo sin perder la forma. La costura vista en el contorno es parte del resultado: deja ver que está hecha a mano y aguanta mejor el uso diario en una habitación infantil.