Cuidados del fieltro de lana en piezas de decoración
Limpieza, almacenamiento y conservación de la forma
El fieltro de lana no se comporta como un tejido plano: la fibra está enredada y prensada, y cualquier roce fuerte deja marca. Por eso la limpieza de un móvil o una guirnalda empieza por las manos limpias y por un paño apenas húmedo, con unas gotas de jabón neutro. Se pasa por la superficie sin apretar, dejando que la suciedad se levante sola. Frotar en círculos solo consigue abrir las puntadas y afear el borde de las figuras.
Cuando la pieza lleva relleno de poliéster, el lavado en máquina queda descartado. El tambor compacta la fibra por dentro y las figuras salen planas, con las costuras tensas y el volumen perdido para siempre. Si aparece una mancha puntual, basta con aplicar agua tibia sobre un paño, presionar sin empapar y dejar secar en horizontal, lejos de cualquier fuente de calor directo.
Las bolitas que a veces surgen en la superficie se retiran a mano, una a una, sin tirar del hilo. Es un gesto lento pero seguro: arrancarlas de golpe puede llevarse parte de la costura. Las esferas de lana, en cambio, admiten un poco de paciencia: se ahuecan con los dedos y recuperan su forma redonda sin necesidad de nada más.
Fuera de temporada, cuando el móvil se guarda en un armario, conviene envolverlo en papel de seda y colocarlo dentro de una caja rígida. Un lugar seco y sin sol directo es suficiente para que el color no se apague y la lana no se apelmace. Con estos gestos sencillos, una pieza cosida a mano puede acompañar la habitación durante años.